¿ALLEGAMIENTO O CO-RESIDENCIA? por J. Urrutia; P. Jirón; A. Lagos

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Introducción

La situación de allegamiento puede entenderse como la “co-residencialidad familiar”, dicho de otra forma, la convivencia de dos o más grupos familiares en una misma vivienda o terreno, que se caracteriza en la relación entre al menos dos de los grupos de familias que se hacen complementarios, uno de ellos como receptor y otro como allegado (Arriagada, Icaza y Rodríguez 1999). Este concepto comenzó a desarrollarse y estudiarse en los años 80 cuando el allegamiento alcanzó sus más altos índices, lo que sucedió como consecuencia de las políticas aplicadas después del golpe militar, las que evitaron continuar con las acciones de acceso a la vivienda que tenían los más pobres a través de mecanismos informales como las tomas (MINVU 2004).

El déficit habitacional previo a 1973 se veía compensado por tales estrategias, las que consistían en una ocupación simultánea que contaba con la ayuda de partidos políticos y/o la iglesia para luego establecer una negociación con el Estado para establecerse en aquel lugar (Espinoza 1987). A contar de la segunda mitad del los años setenta y durante la década de los ochenta el Estado fue más estricto en impedir este tipo de acceso a la vivienda e inició procesos masivos de erradicación de los asentamientos informales, por lo tanto según indica Necochea (1987) las familias tuvieron que refugiarse en convivencia con otros grupos familiares, generando con ello el fuerte crecimiento del allegamiento.

Allegado por necesidad

El evidente problema del déficit habitacional en la década de los ochenta motivó el interés por el estudio del allegamiento, que en aquel entonces se transformó en la expresión natural del déficit, por lo tanto se definió y entendió directamente como la causa de la crisis habitacional (Araos 2008). Esta visión se manifestó como la generación en el corto plazo de nuevos métodos y problemas relativos al allegamiento entre las familias más pobres del país a consecuencia de que el costo de la solución definitiva de vivienda sería demasiado alto y la oferta del mercado insuficiente, en un contexto con estrictas restricciones gubernamentales a formas alternativas de acceso a mecanismos de autoconstrucción informal de vivienda (Necochea 1987). De lo anterior se desprende que el allegamiento no fue observado como un fenómeno en si mismo, sino que como una consecuencia de carácter negativo a la situación habitacional de la década y fuertemente asociado a la pobreza, según lo cual, el allegamiento sería un resultado ineludible provocado por el déficit estructural de vivienda en el país.

El problema del allegamiento se definió entonces por las limitaciones de las familias para desarrollar sus funciones con suficiente autonomía y que este plantea una convivencia obligada entre unidades independientes, lo que afecta su intimidad aún cuando no se produzca hacinamiento (Mercado 1992). Al ser entendido el origen del allegamiento sólo como la consecuencia del déficit habitacional, determinando su génesis a priori, los trabajos se centraron en los casos más problemáticos para obtener criterios eficientes de focalización en los programas habitacionales (Araos 2008). Estos enfoques y propósitos trajeron consigo el ajuste y metodología para calcular la demanda potencial de vivienda, resultando como logro la creación de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) de 1990.

Como contraparte se observa un menor interés en estudiar las relaciones entre los grupos que allegan y sus receptores, en donde el foco estaba más bien puesto en las metodologías para distinguirlos el uno del otro y así obtener información válida respecto de la magnitud de la demanda potencial (Espinoza e Icaza 1991).

Allegado por conveniencia

A fines de los años ochenta e inicios de los noventa comenzó a surgir una mirada más positiva del allegamiento, la que se enfocaba básicamente en las relaciones y su operación entre grupos familiares en co-residencia. Es así como el fenómeno se identifica como un facilitador de un conjunto de relaciones de cooperación familiar y vecinal claves para la sobrevivencia. Comienza entonces a observarse y estudiarse las relaciones complementarias entre receptores y allegados, buscando responder la pregunta de cómo aquellos vínculos son aprovechados en función de maximizar los recursos económicos escasos, lo que sucedía principalmente con los núcleos monoparentales, generalmente constituidos por mujeres y que tendían a complementarse con otros grupos familiares.

Esta segunda postura respecto del allegamiento planteaba que el déficit de vivienda era solamente uno más de los factores que permitían la generación de este fenómeno, a diferencia de la visión expuesta anteriormente que lo veía como una causa directa y única. Cabe destacar que en la visión positiva se plantea al allegamiento como una opción de sobrevivencia más que una obligación (Saborido 1985), ya que este no sería la única alternativa disponible, sino que la mejor solución al problema, facilitando la complementariedad de roles dentro de una familia mediante la mutua colaboración. También se demuestra que las formas de allegamiento son representativas y están ligadas a los ciclos de vida familiar (Green 1988), ya que en un comienzo, los nuevos núcleos que se crean a través de los hijos van formando sus propias familias, constituyéndose como sujetos de allegamiento interno, los que posteriormente se transforman a la figura de allegamiento externo por poseer mayor autonomía económica. En el caso de los receptores, que en general son los padres, al momento de envejecer estos pasarían a ser sujetos de allegamiento interno al relacionarse por complementariedad con sus allegados, alternando roles a medida que avanzan las generaciones.

Una consecuencia de los trabajos realizados con este enfoque, fue la densificación de sitio como alternativa de los programas habitacionales tal como indican Palmer y Vergara en su libro El Lote 9 x 18, en la encrucijada habitacional de hoy. Lo que explica cómo el allegamiento pasó de ser considerado un indicador del déficit habitacional a una posible solución a este mismo.

Sistematización y estandarización

Uno de los principales efectos del interés por el estudio del allegamiento fue la sistematización y estandarización de un método para cuantificar dicho fenómeno, ello se vio reflejado en la encuesta CASEN de 1990, la cual permite comparar los resultados de los últimos veinte años en el país y con ello determinar las tendencias de dicho período. Este instrumento, entre otros elementos, mide el tipo de allegamiento determinado por su dimensión socio familiar y espacial, la primera se clasifica en dos componentes: allegamiento externo e interno (MIDEPLAN 2002). El allegamiento externo se define como la co-residencia entre diferentes hogares, este último entendido como la unidad familiar económicamente autónoma en donde sus miembros comparten un mismo presupuesto y cocinan en común, en tanto el allegamiento de carácter interno dice relación con los hogares donde existe más de un núcleo familiar en su interior, entre los cuales existe una relación de complementariedad. Desde la perspectiva espacial, el allegamiento externo se clasifica como allegamiento a vivienda o a sitio, indicando donde viven; si en la misma vivienda del grupo receptor o en una vivienda diferente pero el mismo sitio (Ministerio de Desarrollo Social 2011b). Considerando estas acepciones, se puede observar en los datos históricos de la encuesta CASEN que a partir de 1990 existía un 44% de los hogares del país contemplando algún tipo de allegamiento, porcentaje que se sostuvo prácticamente sin cambios hasta 1996, a partir de allí disminuyó considerablemente de 42% a 35,5%. Posteriormente y de manera sostenida las formas de allegamiento en conjunto bajaron en su proporción hasta alcanzar un 32% en el año 2000, su nivel más bajo en el periodo de estudio. Si bien este porcentaje se mantuvo para el año 2003, la medición del 2006 arrojó como resultado un leve aumento, alcanzado un 35% (ver gráfico 1).

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Gráfico 1: Allegamiento total por hogares. Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la encuesta CASEN

En resumen, puede establecerse que en Chile desde el año 1990 el indicador de allegamiento ha bajado en nueve puntos porcentuales, sin embargo al revisar estos datos desagregados por tipo de allegamiento se puede observar que la reducción es consecuencia de la considerable disminución del allegamiento de tipo externo, el que bajó de 26% a inicios de la década de los noventa, a un 15% para el 2006, mientras que el allegamiento interno aumentó su proporción, bordeando los 16 puntos porcentuales al 2006 (Ver gráfico 2). Esto es consecuencia directa de las políticas de vivienda aplicadas en las tres últimas décadas, focalizadas principalmente en ofrecer alternativas para las familias en situación de allegamiento externo, especialmente a las definidas como allegamiento a vivienda (Araos 2008).

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Gráfico 2: Allegamiento Externo e Interno por hogares. Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la encuesta CASEN.

Características del fenómeno

Actualmente es posible observar en Chile cómo el allegamiento presenta algunas características particulares que ameritan su estudio y discusión, una de ellas es la estabilidad de la variable allegamiento en los cinco primeros deciles de ingreso con alrededor de un 40% de alguna forma de allegamiento, el que a contar del sexto decil comienza a decrecer, hasta aproximadamente un 20% en el último decil socioeconómico (Ministerio de Desarrollo Social 2011). Esto demuestra que el fenómeno del allegamiento no se concentra exclusivamente en los segmentos más pobres de la población, haciendo dudar sobre la hipótesis de que esta situación debiese estar fuertemente ligada a condiciones de pobreza.

Los datos evidencian que el allegamiento total es de similar magnitud en los cuatro primeros deciles y discretamente inferior en los cuatro siguientes, restando sólo los dos últimos como sectores en donde se denota una baja considerable. Más aún, si los datos son desagregados por tipo de allegamiento, resulta que la variación entre deciles del tipo de allegamiento interno es mínima, yendo aproximadamente desde un 16% en el primer decil hasta alrededor de un 15% en el noveno, para luego caer a un 11% en el último decil. Tal condición es menos evidente en el desarrollo de la variable de allegamiento externo, la cual se reduce notoriamente a medida que se avanza en los deciles socioeconómicos (ver gráfico 3). Estos datos demuestran fehacientemente que el allegamiento de tipo interno no se explica por el nivel de pobreza de los hogares, por lo que podemos plantear que sus razones van más allá de la imposibilidad de acceder a otra vivienda.

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Gráfico 3: Allegamiento total por deciles de ingreso al año 2006. Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la encuesta CASEN.

Desde el punto de vista de la composición familiar de los grupos allegados, los receptores están en una fase más madura dentro del ciclo de vida familiar y con mayor presencia femenina en la jefatura, en tanto los grupos que allegan representan una etapa más joven del ciclo de vida familiar, estando en pleno crecimiento en cuanto a integrantes. Por otra parte el tamaño de los núcleos que allegan disminuye respecto de los receptores, constituyéndose de apenas 2,36 personas por unidad, esto debido en gran medida a la juventud del núcleo. En este grupo también se observa preponderancia a las jefaturas incompletas, es decir, lideradas sólo por un padre o una madre, este último como el más frecuente constituido en general por madres solteras.

La relación entre el jefe del núcleo receptor y el allegado es prioritariamente intergeneracional y filial, sea por filiación directa (hijos/nietos), como por filiación política entre suegros y yernos o nueras que son jefes del núcleo allegado. Este tipo de vínculo corresponde aproximadamente al 73% de los casos (Araos 2008). En base tanto a los datos socioeconómicos como los de composición familiar, queda de manifiesto que el tipo de allegamiento interno difiere profundamente de la hipótesis generadas en décadas pasadas relacionándolo con la imposibilidad de acceso a la vivienda o de la visión más positiva referida a la funcionalidad del allegamiento para hacer frente a la sobrevivencia, lo que sugiere más bien una nueva hipótesis que dice relación con la complementariedad entre roles familiares y sus respectivos ciclos de vida independiente de los niveles socioeconómicos de los hogares. Ello sugiere poner en cuestión el término allegamiento, ya que este supone cierta subordinación del allegado con el receptor, mientras que el estado de co-residencia comprende la dependencia mutua y reciprocidad entre ambas partes.

Composición familiar

La familia chilena en el tiempo ha observado diversos cambios como respuesta al desarrollo de la sociedad, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE 2010), mientras en 1930 contraían matrimonio 9,2 personas cada mil habitantes, en 1992 esta cifra bajo a solo 6,6, caída que continúa hasta la actualidad con una representación en el año 2008 de sólo 3,3 personas casadas por cada mil habitantes por año (ver gráfico 4), cifra que observada en perspectiva presenta una clara tendencia a la baja. En tanto a los nacimientos, representados a través de la Tasa Global de Fecundidad, que indica el promedio de hijos e hijas por mujer, presenta que en 1907 nacían 5,12 niños por mujer, promedio que sostenidamente va decreciendo con los años, presentando una tasa de 2,50 en 1992, hasta llegar al 2008 con 1,92 hijos por mujer (ver gráfico 5).

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Gráfico 4: Tasa de nupcialidad (matrimonios cada 1000 habitantes). Fuente: Elaboración propia a partir de datos de INE 2010.


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Gráfico 5: Tasa global de fecundidad (Promedio de hijos por mujer). Fuente: Elaboración propia a partir de datos de INE 2010.

En cuanto a la cantidad de personas por hogar, esta ha disminuido en el tiempo, con un promedio de 5,4 personas en 1960, 4,0 en 1992, y 3,6 en 2002. Otro dato que refleja la evolución de la familia en Chile es la jefatura de los hogares, que mientras en 1992 un 25,3% correspondía a mujeres, según datos del censo de 2002, esta cifra aumentó al 31,5%. Finalmente un dato importante es el aumento de la población de la tercera edad, la que se mide mediante el Índice de Adultos Mayores (IAM), que es el número de adultos sobre 60 años cada 100 menores de 15 años, cifra que en 1950 era de 18,7, a 1990 llegó a ser de 29,9, continuando su crecimiento a 58 adultos sobre 60 años cada 100 menores de 15 para 2010, es decir, que en tan sólo 20 años la cifra se ha duplicado (ver gráfico 6).

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Gráfico 6: Índice de Adultos Mayores (Mayores de 60 por cada 100 menores de 15). Fuente: Elaboración propia a partir de datos de INE 2010.

En síntesis, las personas cada vez contraen menos matrimonios y tienen menos hijos, lo que trae por consecuencia una disminución en el número de integrantes de las familias, las mujeres pasan a tener un rol más importante en las jefaturas de hogar y los adultos mayores han crecido explosivamente su población tendiendo a la inversión de la pirámide demográfica. Ello demuestra el cambio de la familia chilena y las tendencias que se proyectan para esta, lo que significa ineludiblemente un profundo cuestionamiento a su forma de vivir y por consecuencia a las viviendas que deberían responder a estas nuevas demandas que aún están a la espera de soluciones habitacionales adecuadas.

Conclusiones

Según el estudio [1] del allegamiento en Chile durante las últimas décadas, es posible entender su concepción como la consecuencia de un periodo donde se limitó la creación de asentamientos informales, lo que generó una respuesta automática para explicar su génesis, y que a la vez trajo consigo sesgos en su estudio, medición e incluso percepción social, considerándolo sólo como una respuesta inmediata a la crisis habitacional de los años ochenta y noventa. Sin embargo con el paso del tiempo fueron emergiendo visiones más positivas respecto del fenómeno, llegando al día de hoy con datos que demuestran cómo el hecho del allegamiento interno es transversal a las clases sociales, dando pie para preguntarse si este fenómeno es o no una opción obligada o una alternativa competitiva a la vivienda uninuclear tradicional.

La expuesta persistencia de hogares con allegados a lo largo de los últimos 25 años, demuestra por una parte que los programas para reducir el déficit habitacional no han logrado responder con propuestas de vivienda con mejores condiciones que las propias del allegamiento, y a su vez, que la co-residencia de hogares o grupos familiares posee beneficios en capital social aún no considerados por la oferta vigente de viviendas.

En lo que respecta a la solución del déficit habitacional, cabe cuestionar que todavía un porcentaje importante de familias no ha podido acceder a la oferta de soluciones habitacionales durante el periodo en discusión, conjunto de familias que incluso han aumentado su proporción en estas últimas décadas. Frente a esto, se aprecia que es recurrente considerar a los allegados como una demanda de construcción de nuevas viviendas, siendo que este grupo estaría demandando otro tipo de soluciones más innovadoras y coherentes con la condición de co-residencia que una de allegamiento.

Sumado a lo anterior, los esfuerzos en las políticas públicas no han podido decantar en soluciones que reconozcan los aspectos positivos del allegamiento, tales como el capital social que resulta de la colaboración mutua entre integrantes de núcleos familiares o los ahorros en costos de construcción y suelo.

En el contexto actual parecería más pertinente hablar de co-residencia que de allegamiento, de manera tal que el foco estuviese puesto en las ventajas, beneficios y oportunidades que genera esta forma de habitar, lo cual podría constituir un insumo clave para generar propuestas innovadores de vivienda que atiendan el persistente déficit habitacional.

[1] Investigación basada en capítulo 3 de la Tesis de Juan Pablo Urrutia para optar al grado de Magister en Dirección y Administración de Proyectos Inmobiliarios de la Universidad de Chile el año 2011 con la guía de Paola Jirón Martínez.

  1. Araos, C. (2008). La tensión entre filiación y conyugalidad en la génesis emperica del allegamiento, estudio cualitativo comparado entre familias pobres de Santiago de Chile. Tesis de Magíster en Sociología, Instituto de Sociología, Pontificia Universidad Católica de Chile.
  2. Arriagada, C., Icaza A. M., Rodríguez, A. (1999). Allegamiento, pobreza y políticas públicas. Un estudio de domicilios complejos del Gran Santiago. Revista Temas Sociales: Nº 25, 1 – 10.
  3. Espinoza, V. (1987). Para una historia de los pobres de la ciudad. Santiago de Chile: Ediciones Sur.
  4. Espinoza, V., Icaza, A. M. (1991). Hogares y Allegados en el área Metropolitana de Santiago. Análisis de los datos de la encuesta CASEN 1987. Santiago de Chile: Centro de Estudios Sociales y Educación.
  5. Green, M. (1988). Familia, Hogar y Vivienda: el problema de los allegados. Santiago de Chile: Instituto de Sociología, Pontificia Universidad Católica de Chile.
  6. Instituto Nacional de Estadísticas [INE]. (2010). La familia chilena en el tiempo. Santiago de Chile: Publicaciones INE.
  7. Mercado, O. (1992). La situación habitacional del país: Habitabilidad y Allegamiento. Santiago de Chile: MIDEPLAN.
  8. Ministerio de Desarrollo Social. (2011). Bases de datos sobre la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional [CASEN]. Extraído el 23 de septiembre del año 2011 desde fuente: http://www.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/casen/bases_datos.html
  9. Ministerio de Desarrollo Social. (2011). Definiciones sobre Vivienda utilizadas en la en Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional [CASEN]. Extraído el 25 de septiembre del año 2011 desde fuente: http://www.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/casen/definiciones/vivienda.html
  10. Ministerio de Planificación y Cooperación [MIDEPLAN]. (2002). Síntesis de los principales enfoques, métodos y estrategias para la superación de la pobreza. Santiago de Chile: MIDEPLAN.
  11. Ministerio de Vivienda y Urbanismo [MINVU]. (2004). Chile. Un Siglo de Políticas en Vivienda y Barrio. Santiago de Chile: Ministerio de Vivienda y Urbanismo, División Técnica de Estudios y Fomento habitacional DITEC.
  12. Necochea, A. (1987). Los Allegados: una estrategia de supervivencia solidaria en vida. Revista EURE Nº 39-40 : 85-99.
  13. Vergara, F. y Palmer, M. (1990). El lote de 9×18 en la encrucijada habitacional de hoy. Santiago de Chile: Pontificia Universidad Católica de Chile.
  14. Saborido, M. S. (1985). El Allegamiento: una forma de habitar popular. Santiago de Chile: Pontificia Universidad Católica de Chile.