HABITABILIDAD. UNA DEUDA HABITACIONAL Y UN DESAFÍO PROFESIONAL por J. Carrasco; R. Hernández; C. Rosales; R. Tapia; C. Acuña; F. Orellana; M. Hidalgo

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Fig. 1: Situación previa y posterior a la intervención, Melipilla, Región Metropolitana. Fuente: Claudia Becerra A., Profesional Programa Habitabilidad, FOSIS Metropolitano.

 

Dentro del capítulo de Ciudad, Vivienda y Territorio del Programa de Gobierno, la Presidenta Michelle Bachelet describe el contexto nacional de nuestras ciudades como la “expresión construida de nuestras desigualdades”, y continúa con que en “todo nuestro territorio hay personas y grupos que se sienten atropellados por lo que para otros es el progreso”.

La superación de la extrema pobreza es una deuda aún pendiente de resolver en nuestro país, que sin duda requiere la participación de toda nuestra sociedad y de un esfuerzo multidisciplinario, no obstante, esta deuda nos presenta una invitación especial para Arquitectos y profesionales de la edificación, tomando en cuenta la relevancia que adopta el acceso a una vivienda digna en condiciones básicas de habitabilidad, lo que para personas y familias en situación de vulnerabilidad, constituye una alternativa concreta para nivelar sus brechas de pobreza y desigualdad.

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Fig. 2: Casa familia 2014 previa a la intervención, Alto Hospicio, Región de Tarapacá. Fuente: Catalina Acuña R., profesional Programa Habitabilidad, FOSIS Central.

Cabe destacar, que la deuda respecto a la habitabilidad se aborda de manera importante a través de la política habitacional del Estado y a través del sistema de subsidios, sin embargo, muchas veces las respuestas de estos instrumentos no permiten llegar con celeridad a quienes requieren condiciones de seguridad y salubridad habitacional de forma urgente. En otros casos, existiendo la disponibilidad de subsidios, no pueden concretarse en los lugares de residencia de este segmento de la población por inviabilidad de las condiciones, posesión de los terrenos o simplemente porque las familias no tienen capacidad de ahorro necesaria para postular a ellos, quedando totalmente imposibilitados de mejorar sus condiciones.

Para abordar esta problemática y en el contexto de contribuir en el esfuerzo del país por superar la pobreza extrema, en el año 2002 se dio inicio al Programa Puente “Entre la Familia y sus Derechos” considerado la puerta de entrada al Sistema de Protección Social “Chile Solidario” (Ley N° 19.949), y a partir del año 2012 se creó el Subsistema “Seguridades y Oportunidades” (Ley núm. 20.595) como parte del Sistema intersectorial de Protección Social.(Ley N° 20.379) Este subsistema tiene como propósito apoyar el desarrollo psicosocial y socio laboral de más de 133 mil beneficiarios vulnerables a lo largo del país, entre familias, adultos mayores, niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo, quienes a su vez componen la población potencial para el Programa Habitabilidad, encargado de dar una respuesta a las necesidades identificadas en esta dimensión.

Las condiciones de habitabilidad de dichas familias y personas pertenecientes al Subsistema “Seguridades y Oportunidades” son diversas y podemos mencionar que a nivel estadístico, una de sus características más importantes es que aproximadamente el 71 por ciento no cuenta con una vivienda propia, siendo allegados, arrendatarios u ocupantes en alguna condición irregular, mientras que de los usuarios que poseen una vivienda propia, el 90 por ciento vive en casas o departamentos y el 10 por ciento restante en chozas, rucos o mediaguas. Además, se estima que al menos el 18 por ciento de estas familias se encuentran en una situación de hacinamiento medio o alto, considerando que más del 30 por ciento del total de las viviendas en las que viven presentan alguna condición de obsolescencia (en paredes, techumbres o pisos), además de no contar con un sistema seguro de evacuación de excretas o una fuente segura de agua potable.

En lo cualitativo, las familias que atiende el Programa Habitabilidad son las que presentan mayor vulnerabilidad respecto a condiciones como la accesibilidad, la seguridad, la disponibilidad de recursos energéticos y por sobre todo, en lo relativo a hábitos de vida saludable.

En este contexto, el Programa Habitabilidad se releva como una oportunidad de acceder a una oferta estatal que responde a las necesidades particulares de familias más vulnerables del país, el cual cuenta con el financiamiento y la gerencia técnica del Ministerio de Desarrollo Social (MDS), el cual coordina el trabajo en las diversas regiones a través de sus diferentes Secretarías Regionales (SEREMIS). Junto a ello, el MDS encomienda al Fondo de Solidaridad e Inversión Social, FOSIS, el Servicio de Asistencia Técnica Especializada, mediante profesionales del área social y del área constructiva (denominados Asistentes Técnicos Especializados – ATEs, en su mayoría arquitectos y constructores) quienes proporcionan asesoría directa a las instituciones ejecutoras (principalmente Municipios y Gobernaciones), durante todas las etapas de desarrollo de éste, a fin de asegurar que se implemente adecuadamente.

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Fig. 3: Familia Calvio Huaiquío, La Florida, Región Metropolitana. Fuente: Claudia Becerra A., Profesional Programa Habitabilidad, FOSIS Metropolitano.

Historia del Programa de Habitabilidad

En el año 2004, FOSIS junto con el Ministerio de Planificación (actual MDS) diseñan el Programa Habitabilidad para intentar dar respuesta a la enorme demanda de las familias participantes del Sistema de Protección Social Chile Solidario en la dimensión de Habitabilidad, la cual presentaba el mayor número de condiciones insatisfechas y dónde además la oferta pública era insuficiente y en algunos casos hasta inexistentes en el país.

El Programa es una estrategia de intervención personalizada para las familias más pobres de Chile, las cuales son visitadas en sus hogares por una dupla de profesionales, uno del área social y otro del área de la arquitectura y construcción, quienes a través del análisis en terreno de la vivienda y su entorno buscan incidir en la realidad de familias a lo largo de todo el territorio Nacional, mejorando tanto las condiciones físicas de los espacios que habitan como las características psicosociales de la familia, que se expresan en hábitos y conductas, con la finalidad de aportar a su calidad de vida.

Es importante mencionar que el Programa no se encarga de dar vivienda, sino de atender en un corto plazo, condiciones de habitabilidad que resuelvan problemas como el hacinamiento, la higiene y la prevención de enfermedades, estructurado desde sus inicios en torno a cuatro ámbitos de acción que vinculan lo físico-constructivo con lo social para promover la salud, así como la seguridad de las familias. Estos ámbitos son:

a.) Suministro y mejoramiento de servicios básicos (agua, energía, excretas).
b.) Acondicionamiento térmico y reparación de la envolvente de la vivienda (ampliación de recintos y sellos).
c.) Equipamiento para actividades domésticas (camas, cocina, basura).
d.) Intervención en hábitos saludables (Talleres).

Fig. 4: Casa familia 2014, La Unión, Región de Los Ríos. Fuente: Cristhian Rosales A., profesional Programa Habitabilidad, FOSIS Central.

 

Con el tiempo y tras identificar otras necesidades en las familias beneficiarias, se incorporaron nuevos ámbitos de intervención, tales como, accesibilidad para personas con discapacidad, mejora del entorno inmediato de la vivienda y habilitación de espacios interiores para permitir compatibilizar algunas actividades productivas con la vida doméstica.

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Fig. 5: Detalle Solución interior familia 2014, La Unión, Región de Los Ríos. Fuente: Cristhian Rosales A., profesional Programa Habitabilidad, FOSIS Metropolitano.

El diseño de la metodología programática parte del supuesto de que no existen soluciones estandarizadas y que para realizar acciones pertinentes y de calidad es necesario conocer las situaciones particulares que afectan a cada familia en relación con su hábitat. Esto involucra, que se establezcan ciertos estándares mínimos respecto a cada uno de los tipos de soluciones a implementar, para resguardar que los objetivos se cumplan. Sin embargo, es indispensable comentar que el escenario en el cual se trabaja está siempre acompañado de las condiciones más adversas para el ámbito de la arquitectura y la construcción, tales como trabajar sobre terrenos no regularizados, muchas veces en zonas de riesgos naturales, existe escasez de recursos para intervenir, plazos acotados para el desarrollo de las soluciones, dificultades en adquirir mano de obra especializada, sumándose a éstas el cumplimiento de un conjunto de procedimientos administrativos asociados a la gestión pública.

Pese a lo anterior, se ha logrado llegar al total de regiones del país y a un gran número de comunas a nivel Nacional, habiendo atendido a la fecha a más de 115 mil familias. El programa suele dar solución a más de un problema por familia beneficiaria, tendiendo cada vez más a abarcar en forma integral el conjunto de necesidades.

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Fig. 6: Tabla Gestión Programa Habitabilidad Fuente: Elaboración propia en base a informes finales de gestión programática del Programa Habitabilidad.

Otro aspecto importante que se debe considerar, es que las familias y personas que se atienden no postulan, sino que son seleccionadas y priorizadas por una mesa técnica a nivel comunal, de acuerdo a criterios predefinidos tales como: mayor número de integrantes por familia, presencia de lactantes, mayor cantidad de niño(a)s, familias con jefatura femenina y la presencia de integrantes con discapacidad o alguna enfermedad catastrófica, entre otros, focalizando de esta forma la intervención en los casos con mayor grado de vulnerabilidad dentro de la población objetivo.

La gestión del programa se desarrolla mediante convocatorias anuales e invitaciones directas para participar a los ejecutores (municipios o gobernaciones), el cual consta de tres etapas: Etapa de diagnóstico y propuesta (tres meses), Etapa de licitación y ejecución de obras (seis meses) y Etapa de recepción y cierre (tres meses), cumpliendo un total de 12 meses de duración.

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Fig. Esquema Gestión Programa Habitabilidad. Fuente: Elaboración Propia, Asistencia Técnica Programa Habitabilidad, FOSIS Central

Desafíos

Hoy, a más de una década de su creación y a pesar de todos los esfuerzos y recursos involucrados, sólo se llega a cubrir aproximadamente un 10 por ciento de la demanda potencial de soluciones requeridas por las familias en extrema pobreza, lo cual nos obliga a enfrentar nuevos desafíos para resolver esta deuda habitacional, donde lo relevante es fortalecer la misión original e involucrar a una mayor cantidad de actores para comprometerse a enfrentar esta problemática y consolidar el programa Habitabilidad, como uno de los eslabones iniciales dentro de la política de vivienda nacional.

Si bien el programa interviene en el marco de un acompañamiento social que trabaja desde una óptica familiar, en la intimidad del “puertas adentro”, cada vez se hace más necesario incorporar una perspectiva territorial, teniendo en cuenta que los espacios comunitarios y el contexto “barrial” son variables relevantes que inciden en la vida cotidiana y el bienestar habitacional de cada familia. En este sentido, será necesario idear los alcances de una intervención renovada, que permita contribuir a mejorar aspectos como la identidad, el sentido de apropiación, incorporando especialmente la participación de las familias en los procesos, que son los que hacen que cada individuo y grupo interactúe mejor con su medio físico.

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Fig. 7: Solución familia 2014, Paillaco, Región de Los Ríos. Fuente: Cristhian Rosales A., profesional Programa habitabilidad, FOSIS Central

También, será preciso fortalecer los mecanismos para priorizar una atención integral a las familias, no bastando con intervenir parcialmente las demandas identificadas, como por ejemplo, sólo en un recinto prioritario de la casa, o sobre los problemas más urgentes. No es posible dejar incompleta la tarea cuando los esfuerzos profesionales permiten disponer de diagnósticos detallados de cada familia para proponer las soluciones pertinentes. Lo anterior implica a su vez, ser capaces de captar más recursos para ampliar la cobertura y mejorar la intervención, teniendo en cuenta que se enmarcan en un escenario definido por la Ley de Presupuesto en función de las prioridades gubernamentales.

Como una alternativa de solución al desafío anterior, será necesario avanzar en estrategias para fortalecer el trabajo intersectorial, que consiste en articular el programa y su intervención social con el resto de la oferta programática pública y privada disponible para resolver temas de habitabilidad y entorno en población vulnerable. Este último desafío es tal vez el más importante, ya que tiene relación con instalar y relevar la habitabilidad como una deuda habitacional fuera de la institucionalidad del Programa (Ministerio, FOSIS, Municipios), difundiendo su solución en conjunto con la sociedad civil, el mundo académico y otras organizaciones que hoy pueden aportar de forma significativa.

El programa ha cumplido más de 10 años desde sus inicios como una experiencia piloto, y 7 años desde que se traspasó su ejecución a las municipalidades del país, como una apuesta para hacer uso de la experiencia, cercanía y conocimiento de los gobiernos locales respecto de las familias vulnerables presentes en su territorio. En este contexto, el modelo de gestión del Programa, ha logrado insertarse con éxito, validando la apuesta inicial de que sean justamente los municipios los Ejecutores del mismo. No obstante, sigue en pie la pregunta de qué hacer cuando las condiciones para una buena ejecución no están dadas, para evitar que sean las familias las que tengan que verse afectadas por una mala ejecución o una administración deficitaria de un municipio. Las decisiones que se adopten a nivel regional (SEREMI, FOSIS), deben tener presente esta situación y generar nuevos mecanismos de ejecución que incorporen a las entidades públicas, pero también a la sociedad civil para asegurar la atención en las familias.

Trabajar sobre una deuda habitacional tan relevante como la habitabilidad, siempre será difícil, ya que como se ha mencionado, las condiciones técnicas y presupuestarias muchas veces son adversas. Sin embargo, es justamente en esta deuda en la que se requerirá que nuestros profesionales y en especial nuestros Arquitectos, contribuyan con una mirada distinta, sin acomodarse únicamente a lo que “se puede” o para “lo que alcanza”, y en su lugar, desplieguen su capacidad creadora y de innovación, para aportar en conjunto a la solución de esta problemática.