LA VIVIENDA RURAL, APOLOGÍA DE UNA REMEMBRANZA por Marco Rodríguez

articulo_04a

La vivienda rural se vincula al concepto vernáculo, es decir, aquella que se entiende concebida, en un determinado lugar de donde es propia. Concepto que se pierde con la urbanización, junto al desarraigo derivado de la transformación del campo en ciudad con la expansión urbana durante el paso de los años. Quienes habitan la ciudad, en su periferia, recuerdan que las viviendas de sus abuelos estaban más en contacto con la naturaleza. Las parcelas con riego, los terrenos grandes con plantación de árboles frutales, con acequias donde se regaban los tomates y algunos choclos, fueron desaparecieron paulatinamente en el último siglo por el hecho que va creciendo la ciudad.

La nostalgia de algo perdido; el intento por recuperar los aspectos extraviados de la antigua vida de los ancestros; la recuperación del patrimonio campesino o adquirir un campo en el sur con árboles autóctonos; tener un terreno con una huerta pequeña donde se planten lechugas, hierbas medicinales y de condimentos vegetales básicos, todos ellos forman parte de los deseos de quienes, viviendo en la ciudad, necesitan reencontrarse con la naturaleza.

En el espacio urbano de hoy en día, hemos recuperado boldos, arrayanes avellanos, canelos, recomponiendo nuestro origen, intentando la búsqueda de la identidad perdida.

Pasaron cien años para que los descendientes de los habitantes locales, chilenos o chilenizados, hijos de inmigrantes europeos, quisieran volver a lo autóctono y darse cuenta que los árboles nativos del lugar se resisten a ser removidos, y que la “maleza” sea nuevamente un patrimonio biológico. El costo de mantención con vegetación autóctona, obviamente resulta menor, el inversionista lo visualiza y considera la coexistencia de cipreses y pinos junto a los boldos y los avellanos los cuales han sido rescatados. Más de un siglo donde la sociedad chilena ha perdido sus raíces, su historia, su patrimonio cultural y social, recién hoy los habitantes se dan cuenta del valor real de este patrimonio natural.

Lo mismo ocurre con la vivienda campesina, con el paso del tiempo, la vivienda rural retrocedió paulatinamente. La vida rural ha desaparecido y el concepto de ruralidad se ha olvidado. Lo urbano se fue haciendo global y su carácter inexpresivo intenta llegar a todos los territorios transformando la imagen conceptual arquitectónica a una típicamente fría y carente.

Mientras la vivienda rural intenta resurgir, a partir de la remembranza como sociedad, nostalgia de los lugares donde se nace y se vive, que se mantiene en las mentes de los ciudadanos cuyos recuerdos propios de la matríztica, de su propia conciencia de existir los sensibilizan, y simplemente recuerdan con emoción la casa de campo de los abuelos.

Historia de las iniciativas estatales en el ámbito rural

Después de décadas en que el Estado de Chile estuvo formulando programas de vivienda social urbana, a través del MINVU y, en general, bajo condiciones de precariedad económica, el primer acercamiento real de apoyo para la vivienda rural se produce en el año 1986, con la publicación del decreto MINVU N°167, el que se modificó luego con el DS N°117 en el año 2002 (MINVU 2002). Un subsidio dirigido al sector rural, en que se promueve la construcción de viviendas en sitio propio, pequeños villorrios rurales y mejoramientos del tipo de saneamiento sanitario para viviendas existentes (estos decretos modificaron a su vez los anteriores DS N°206/80 y DS N°92/84, programas rurales de carácter piloto, sin incidencia relevante, (MINVU). Sin embargo al DS N° 117 del 2002, se le incorporó un interesante apoyo para las zonas denominadas Áreas de Desarrollo Indígena -ADI- , con un incremento de un 50 por ciento adicional. Lo cual fue de interés en zonas no atenidas y significó un avance real al menos durante unos años. Varios proyectos de interés arquitectónico se desarrollaron en zonas rurales, entre los cuales podemos citar -por mencionar algunos- el conjunto de viviendas rurales en Padre Hurtado, el comité Nueva Esperanza de Chalaco (Chile un Siglo de Políticas de Vivienda y Barrio, MINVU 2006, 329-330) o viviendas para las machis de Lumaco, años 2007-2008.

Debido al escaso éxito alcanzado con estos programas, principalmente por la dificultad para obtener terrenos hábiles y ante la competencia de otros programas como el Fondo Solidario de Vivienda DS N°174, título III, el subsidio rural sufre un nuevo cambio el DS N°145, del año 2007, mediante el cual se aumentan los montos y se eliminan los villorrios, ya que no se justificaban, pues formaban parte de otro programa. Esta modificación del subsidio rural sigue hasta el año 2010, donde simplemente se termina, ya que su tasa de aplicación era muy baja, no llegando a más del 50 por ciento frente al 90 por ciento del Fondo Solidario de Vivienda.

vivienda machi mr

Fig. 1: Vivienda machis de Lumaco IX región Fuente: Serviu IX región

 

Ante la inexistencia de un programa especialmente destinado al área rural, se permite que se puedan obtener aportes para la vivienda a través de los subsidios habitacionales tradicionales urbanos, mediante los denominados DS1 y DS49, programas vigentes en la actualidad, pero que no fueron concebidos para este efecto y por lo tanto muy pocos apropiados. En consecuencia, en el año 2011 se modifica el DS 49 (MINVU 2011) con la inclusión de un título tercero, para la atención de sectores rurales, modificación meramente formal, sin aplicación práctica, resuelven en definitiva que el subsidio rural se dé por extinguido.

Nueva iniciativa del estado, el programa de habitabilidad rural

viv chochol 448

Fig. 2: Vivienda Machis de Cholchol IX Región. Fuente: Serviu IX Región

 

Ninguno de los anteriores programas, pensados alguna vez para llegar con un apoyo al mundo rural, entregó un resultado de real sustentabilidad, con la excepción de algunos logros puntuales como, por ejemplo, los obtenidos en viviendas para las machis, el programa de agua potable rural o los proyectos de vivienda tipo para zonas ADI, razón por la cual se fue produciendo un estancamiento del aporte estatal y sus políticas públicas orientadas al sector rural. Esta situación cambia en año 2015, con la creación del nuevo programa de apoyo a la vivienda rural, llamado Subsidio de Habitabilidad Rural, el cual fue aprobado como DS10 del 2015 del MINVU y que emerge como una nueva etapa en las políticas públicas para el desarrollo del hábitat rural. Esta iniciativa cuenta con una serie de conceptos novedosos para el mundo rural que se establecen en este nuevo marco normativo.

1. El concepto de vivienda en sitio propio, a diferencia del sitio residente, consideró la posibilidad de que el propietario no tenga títulos de dominio, sino que tenga derechos de uso o de cooperativismo es suficiente.
2. El concepto de pertinencia, a través del subsidio de requerimientos arquitectónicos locales, y de los estudios de apoyo para que cada región o comuna conceptualice progresivamente las ideas de espacios propios, le permite adicionar valor al diseño de la vivienda con carácter local.
3. El entorno inmediato, que considera el sitio alrededor de la vivienda como de gran importancia en los procesos productivos del agro, se va delineando como un propósito central para la vivienda rural, que es la vivienda y su relación con la naturaleza, al considerar su expansión desde el espacio interior.
4. El equipamiento comunitario que se constituye como apoyo a actividades sociales, culturales, económicas y productivas. Ya no necesariamente la típica sede comunitaria, sino un espacio de apoyo real a la producción rural, que puede ser utilizado como centro de intercambio, de acopio y de asociatividad.
5. El sistema de autoconstrucción asistida con apoyo profesional, a diferencia de la habitual obligación de transferencia económica a las empresas constructoras, con la dificultad de que estas puedan llegar a las zonas más aisladas, o simplemente no les interese económicamente.

Estas ideas configuran el concepto de habitabilidad rural, que nos permite entender el problema de la vida en aquella zona como un tema más extenso que la sola construcción de la vivienda, destacándose como un hábitat donde vivienda y entrono están estrechamente vinculados. Por consecuencia, aparecen junto con el programa tipologías constructivas con sistemas alternativos aprobados o por aprobar por MINVU, como por ejemplo el apoyo a sistemas de generación de energía con autonomía, los que pueden ser del tipo eólico, paneles fotovoltaicos, paneles solares, entre otros y que proporcionan un amplio campo de soluciones y de investigación técnica en aumento. También, debido a carencias rurales históricas, tales como el agua potable, el saneamiento de aguas servidas o la electricidad, también se considera el establecimiento de nuevos sistemas de gestión y de operación. Además, se pueden optar a sistemas de tratamiento de aguas grises y de almacenamiento con estanques para camiones aljibes, aprobación de sistema de drenes con infiltración, al aprovechamiento de producción de gas a partir de desechos, incluso en casos de aislamiento critico puede omitirse la necesidad de electricidad.

Estos marcos normativos configuran el próximo camino de las políticas públicas del Estado de Chile frente a la problemática rural, que confrontado a una cita de un antiguo habitante de Temuco, “están volviendo los árboles autóctonos”, el cual hacer reflexionar a los ciudadanos urbanos y a los arquitectos, que la nostalgia es una sensación social, que les orienta volver a la tierra, a recuperar sus orígenes, sentir lo rural y reconocer la geografía, recuperar aquellas imágenes más primitivas de árboles, pastos, lluvias y vientos. Todo aquello ligado a los recuerdos de la naturaleza, parte de una sesión terapéutica hacia una sociedad cansada del cemento y los autos.

reunion machis 448

Fig. 3: Reunión Machis de Chol Chol. Fuente: Serviu IX Región

 

Se abre así una nueva perspectiva de diseño en vivienda social, dirigido a los profesionales del área, la cual no necesariamente debe ser la repetición infinita del producto vivienda, como procedimiento industrializado de capitalización del producto, sino un proceso de participación activa y flexible a las diferentes materialidades constructivas, en cada zona geográfica de Chile, con las consideraciones propias de reconocimiento étnico, grupos campesinos y campesinado de auto subsistencia, con características tecnológicas apropiadas a la zona, no ligados innecesariamente a la empresa constructora.

Además no se centra en la vivienda como producto final, sino en el concepto de “habitabilidad rural”, ya que existe la esperanza de volver al diseño más puro de la vivienda, puesto que el modelo económico se fue desarraigando paulatinamente, pero se teme que no esté exenta de dificultades, y si los proyectistas lo entienden correctamente, la herramienta entregada podrá recrear fundamentos de arquitectura extraviados y ayudará a la recuperación de elementos patrimoniales de la arquitectura en Chile.

Otro elemento positivo de este programa, tiene que ver con el aspecto económico, ya que a través de la asignación normal vía subsidios, se colocan al alcance de la población rural más pobre y de alta indigencia, siendo estos recursos significativamente importantes y elevados que otros programas de subsidios, teniendo como objetivo de mitigar la dispersión territorial.

También existirán recursos para los profesionales de municipios y oficinas, mediante la Asistencia Técnica, los que lograrán recibir ingresos acordes a los temas relacionados, paliativos frente a las dificultades de dispersión y aislamiento geográfico. De paso, también el programa rural favorece a sectores menos pobres, con viviendas de hasta 1400 UF (DS10, MINVU 2005,10) y, cuando compete a obras de habitabilidad como pasarelas, espacios públicos y sedes comunales, donde otros sectores de más altos ingresos se verán beneficiados. Lo importante de estas fórmulas de inversión local es la integración social, la desconcentración y colaboración de otras fuentes de inversión. A pesar de que existen recursos estatales para loteos, en lo que corresponde a urbanización, es posible ajustar las normativas regionales, que permitan normas de urbanización, más acorde con la realidad de cada zona o territorio, aprovechando lo establecido en la OGUC, (DS47, año 1992, MINVU,145).

La independencia de lo impuesto

La imposición de la vivienda urbana -producto del negocio- por encima de lo rural tradicional campesina de los últimos años, parece estar llegando a su fin, siempre que el mundo profesional, arquitectos, sociólogos y constructores entiendan la importancia de la recuperación y defensa de una identidad propia para este país. Las viviendas rurales de los programas de gobierno desde los años 1986, se han visto enmarcadas por diferentes límites técnicos y legales, no negociables, límites propios del poder dominante bajo los principios neoliberales, que impiden entregar viviendas con pertinencia a los beneficiarios del subsidio.

Los instrumentos técnicos y legales que han definido estas limitaciones son variados:

1. la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones OGUC, establece una serie de normas en el ámbito urbano y las hace extensible al mundo rural, sólo por generalización, sin estudiar una normativa especial o plantear que algunos criterios no son aplicables. Otras normas como la tenencia del suelo, las restricciones de habitabilidad, estructuras, dimensiones definidas en un itemizado técnico propio del subsidio y su cuadro normativo, son pies forzados que deciden el tipo de diseño de vivienda y la creación de nuevos conjuntos.

2. Las empresas constructoras que trabajan en el área rural ofrecen un “modelo tipo” de vivienda campesina, siendo copiados a la vivienda urbana y adaptados e impuestos al campo, con un sentido comercial, donde prima el ahorro de economía de escala, por sobre la identidad local.

3. La asignación de aportes estatales, tienen relación con estándares centralistas del gobierno, definidas en un itemizado técnico y en un cuadro normativo de los programas de subsidio, lo que impide definir nuevas formas de emplazamiento, con diferentes disposiciones espaciales al interior de la vivienda, esto determina recintos que tienen otras medidas, requerimientos técnicos para asegurar durabilidad y sin mayor costo de mantención. Conservando requisitos típicos de la vivienda urbana, tales como relación espacio público-vivienda e instalaciones completas.

4. Los sistemas constructivos que regulan diseños de vivienda controlados por el estado, previamente aprobados por el mercado inmobiliario y comercial, acorde con diferentes materiales de construcción, incentivan un determinado tipo de industria, como perfiles metálicos de espesores mínimos, que no están totalmente probados frente a los seísmos en Chile.

5. Los déficits de infraestructuras y energía, en zonas rurales, impuesto por las empresas generadoras, concesionarias, eléctricas y sanitarias, que no les interesa que el estado busque otros sistemas alternativos, mantiene el control de precios del mercado.

Es por ello, que busca la independencia de todas estas imposiciones, límite extremo y riguroso en muchas ocasiones, ámbito en el cual la vivienda social se enmarca, ante el nuevo subsidio de habitabilidad rural, lo que procura una mayor flexibilidad de aplicación que permita recuperar la pertinencia de la vivienda rural vernácula y logre abordar la dispersión geográfica. La aproximación hacia un planteamiento diferente, es una luz, que se le ha quedado prendida al modelo capitalista de desarrollo y depende de nosotros aprovecharlo.

Herramientas de acercamiento a un nuevo diseño rural

Una herramienta de liberación, del nuevo subsidio estatal, de Habitabilidad Rural DS 10, es la Autoconstrucción, pensada como un sistema aplicable a viviendas con alto grado de aislamiento territorial, surgiendo como una buena opción cuando la provisión de materiales para construir es de difícil acceso y presentan mayor costo por transporte. Sin embargo este sistema constructivo permite otros beneficios colaterales y otros objetivos de interés, como la organización social en torno a la vivienda, la minga, mingaco o minka, ayni, torna, como ayuda mutua para construir. Además de las capacitaciones, la solidaridad, el trabajo voluntario, de las entidades de gestión rural.

También la recuperación de tecnología autóctona desaparecida, el techo de paja, el adobe botado y la carpintería corresponden a la recuperación de técnicas antiguas, la piedra liparita, el suministro de agua propia y soluciones sanitarias sustentables, son un aporte para el ámbito rural y para la búsqueda de la recuperación de lo propio, a nivel técnico.

Otro foco de interés del DS 10/2015 (MINVU 2015), son los diferentes tipos de subsidio, enfocados al mejoramiento y ampliación, para el producto “vivienda nueva”, ya que incluyen la zona alrededor de la vivienda, llamado entorno inmediato, que permite su extensión a lo productivo y base de la vivienda campesina. También incorpora el subsidio para espacios comunitarios, que está fuera de los límites del terreno, pero incide en la vida de los usuarios, denominado equipamiento comunitario, al que se le puede entregar recursos para su mantención y no sólo por una sola vez, sino indefinidamente. Estos diferentes alcances del subsidio de habitabilidad rural reconocen la ligazón natural entre la vivienda y su área productiva.

El vínculo vivienda-territorio-comunidad, es quizás lo más importante, ya que se encuentra definido en el título I, de Asociación Territorial del programa, y permite entender el área rural como un conjunto de intervenciones relacionadas, que mejorarán en forma coherente, el hábitat rural. En este caso corresponden a intervenciones de carácter local, con apoyo gubernamental, que puede integrar varias fuentes de financiamiento, pero sobretodo nace de un estudio de las particularidades locales del territorio, entendiendo que el habitar del tipo indígena, social, productivo, es una forma interesante para intervenir zonas deterioradas, con características similares y que pueden ser propuestas por los municipios, con financiamientos previos, para el estudio y desarrollo de los documentos, planos y proyectos. Este título les permitiría a los municipios efectuar un estudio real y consciente de la brecha rural en su comuna, parte de una deuda histórica con el campesinado en el país.

Los subsidios complementarios que integran este programa son otros elementos importantes que se deben tener en cuenta, ya que éstos sirven para compensar gastos como la habilitación de terreno, los problemas de movilidad de los usuarios y que además incluyen otros dos propios de la ruralidad. El primero es el subsidio para la solución sanitaria y/o dotación de energía, que implementa nuevas soluciones para el suministro de agua potable, alcantarillado de aguas servidas, energía eléctrica y calórica, este último por primera vez incluido en un programa MINVU. El segundo subsidio es para Requerimientos Arquitectónicos Locales, que permitiría un diseño con pertinencia en vivienda rural, reconociendo los aspectos propios de la vivienda vernácula, ligada a los pueblos indígenas o a singularidades campesinas. Aunque la definición de pertinencia, puede ser compleja y no se cita en el decreto como tal, por ello, es importante tener una definición, que permita identificar elementos propios de cada zona geográfica y climática que nos permitan construir y recuperar un patrimonio.

Por último, se destaca la Asistencia Técnica antes mencionada ya que sus montos son mayores que los habituales y considera incentivos cuando las zonas donde se emplazan las viviendas están en aislamiento crítico, motivo por el que muchas comunidades rurales no han sido atendidas hasta ahora. Es una herramienta que se diferencia de las tradicionales prestaciones, ya que incorpora el tema de las capacitaciones a los beneficiarios bajo el sistema autoconstrucción. Este valor agregado al propietario, permite bajar los costos de la vivienda, incluir costos previos a la asignación del subsidio y efectuar estudios de suelo conducentes a su obtención. También es mayor el pago de asistencia técnica, cuando se otorgan subsidios adicionales de energía, o pertinencia, para estimular proyectos, y cuando las condiciones de aislamiento extremas dificulten los estudios.

A los proyectistas de vivienda, en el ámbito rural, les posibilitará desarrollar prototipos de diseño con pertinencias, ya que son nuevas formas de impactar y dar apoyo real a la actividad rural y a la gestión en municipios que mejoren la actividad de la arquitectura local. Que se libere a los arquitectos del interés comercial, generado por las empresas constructoras y entreguen como profesionales comprometidos con los habitantes urbanos y rurales, un producto adecuado y mejorado a los beneficiarios de estas zonas, que en definitiva son patrimonio vivo del país.