VIVIENDAS SOCIALES MAPUCHES EN LA PINCOYA

FICHA TECNICA

Nombre de la obra: Viviendas Sociales Mapuches En La Pincoya

Nombre arquitecto a cargo: Cristián Undurraga

Nombres colaboradores: Pablo López, Raimundo Salgado Salas, Jean-Baptiste Bruderer

Ubicación: La Pincoya

Programa: Vivienda Social

Superficie construida: 1537.5 m2

Año de construcción: 2011

Material predominante: Albañilería Reforzada

Palabras clave: participacion pueblo originarios modernidad / tradicion

MEMORIA

Se trata de un conjunto de 25 viviendas sociales para una comunidad Mapuche, en Huechuraba, en la periferia norte de la ciudad de Santiago. El proyecto se inserta dentro de un conjunto mayor compuesto por 415 viviendas sociales tradicionales. Estas se enmarcan dentro de la política habitacional del “Fondo Solidario de Vivienda” impulsado por el Ministerio de Vivienda  y Urbanismo con la colaboración del Municipio local y la organización privada de gestión social “Un Techo para Chile”. Además en el caso específico de las viviendas mapuches, se contó con la cooperación de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena.

Esta iniciativa surgió de una pequeña comunidad indígena quienes dispuestos a participar de la sociedad moderna, querían que ello no significara un menoscabo de sus tradiciones y creencias ancestrales.

Mapuche significa en español “hombre de la tierra”. Ellos originalmente habitaron el centro-sur del país donde, en una relación armónica con la naturaleza, desarrollaron fundamentalmente la agricultura. A diferencia de otras culturas precolombinas como las del centro-norte de los Andes o las de Meso-América, los Mapuches no han sido constructores en un sentido tradicional. Sus espacios sagrados no han sido los templos, sino las montañas, los bosques y los ríos. Sus albergues, las rukas fueron, y en muchos casos aún siguen siendo, espacios transitorios formados por estructuras ligeras de ramas y troncos. Éstas, confundidas en el paisaje, se degradan con el tiempo para volver a la tierra  acompañando el tiempo circular de la naturaleza. Lo dicho anteriormente basta para entender el esfuerzo que supone la adaptación de su cultura la realidad urbana contemporánea.

El diseño de este proyecto fue producto de un trabajo participativo entre la  comunidad, los arquitectos y las instituciones patrocinadoras. Estos parlamentos, que tenían lugar en una ruka, nos enseñaron su historia, sus tradiciones y su cosmovisión: el Az Mapu. En él están contenidos los principios que establecen las relaciones entre los Mapuches y el mundo visible e invisible: el mundo territorial, político, social, cultural y religioso.

El nombre de la comuna Huechuraba, corresponde a un nombre Mapuche, la cual significa “Lugar donde nace la greda”, y es en ella donde se inserta el proyecto. Se ubica en la periferia norte de Santiago y su origen urbano se remonta a los primeros campamentos informales, en ese sector de la ciudad surgidos en la década de los ‘60. Una eficaz política de saneamiento,  sostenida a lo largo del tiempo, ha dado origen a una ciudad todavía precaria donde la necesidad de suelo para la vivienda no deja lugar al espacio urbano. Pero aún,  en el abigarrado tejido de casas, la geografía de cerros, tan característica de  Santiago, se impone sobre el tapiz  de techos de lata que no sobrepasan los dos pisos de altura. Allí, al pie de esos cerros, ubicamos estas 25 viviendas de modo que pudieran estar lo más cerca posible de la naturaleza.

Por tratarse de un proyecto social que se beneficiaba del subsidio otorgado por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, su diseño debía, necesariamente ceñirse al estricto conjunto de normas que la institución exige a este tipo de casas. El manual, centrado en aspectos técnicos y de habitabilidad, no consideraba las singularidades y los aspectos culturales como los que demandaba la comunidad  mapuche.

Entremos de lleno al proyecto. Las casas se agruparon de forma continúa sobre una cota horizontal permitiendo con ello, que la longitud de la fachada principal mirara hacia el oriente. Esta disposición, obligada por tradición ancestral de abrir  la puerta principal de la casa hacia el sol naciente, fue la principal exigencia que hizo la comunidad. Entre las viviendas y el cerro se dispuso un espacio común, análogo al espacio urbano tradicional, logrando desde allí, acceder a las viviendas. La construcción continúa del conjunto no excluyó la expresión individual de cada una de éstas, haciendo eco de las rukas que se despliegan aisladas al paisaje.

Como técnica constructiva se usó la tradición artesanal de ladrillo y marco de hormigón armado, expresando la correspondencia entre apariencia y naturaleza  estructural del proyecto. La diagonal de madera de pino impregnada, que caracteriza la fachada  principal y posterior, es un elemento estructural que tiene como misión arriostrar los muros laterales en caso de sismo. Una doble piel de  cañada de coligüe (rügi), cubre el tabique y las ventanas de estas fachadas. La mínima separación entre las varas permite el paso de la luz filtrada al interior al tiempo que da cuenta de la tradición que inspira el proyecto.

La casa de 61 metros cuadrados se desarrolla en dos plantas. Al interior, es un programa sencillo: en planta baja se ubica la zona de estar y la cocina. Este último recinto, en consideración a la importancia del “fogón” (cocina) en la tradición mapuche, es más amplio que el de las viviendas sociales análogas. En la planta alta, se ubican dos dormitorios y el baño. El interior se entregó como una gruesa habitable permitiendo a cada familia hacer las terminaciones según sus medios y gusto. No obstante, lo convencional del programa y la neutralidad de los recintos, (producto de la normativa ministerial), la luz tenue y fragmentada al interior de las viviendas evoca una atmósfera que nos remite a la penumbra de las rukas dando lugar a un tiempo  propio, diferente al que corre afuera en la ciudad. Esta estrategia también definió de manera nítida el interior y exterior, mundos opuestos en la tradición mapuche, distinta a la tradición  moderna en la que estamos inmersos donde el interior y el paisaje se integran como un continuo.

…“Nuestra labor, más que la de arquitectos, fue la de un puente entre los sueños mapuches y la realidad posible. El camino recorrido nos llevaría necesariamente al mestizaje entre dos culturas. Esa es, por lo demás la historia de nuestra América”…                                         Cristian Undurraga.

PLANIMETRÍA

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Planta General ver


Corte esquemático ver


Detalle ver


Elevaciones ver


Planta nivel 1 ver


Planta nivel 2 ver