EDITORIAL: LA DEUDA EDUCACIONAL

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El número 153 de la Revista c/a, el segundo del formato digital, es parte de la propuesta la temática para el año 2016 denominada: “La Deuda de Chile”, que cuestiona la forma en que la arquitectura está respondiendo a las demandas sociales que el país está enfrentando en la actualidad.

El número que aquí presentamos, se titula “La Deuda Educacional”; en él se analiza cómo la arquitectura ha contribuido a las demandas específicas en torno a la educación, por medio de la reflexión crítica y sus proyectos.

La gran cantidad de artículos recibidos, que podríamos llamar de opinión -por el tono discursivo y crítico- permite especular que existe una particular sensibilidad a este tópico. De estos textos se puede destacar la crítica a la falta de respuestas y el poco protagonismo de los arquitectos en las discusiones de fondo que hoy plantea la crisis educacional del país.

En esta línea, el artículo de Juan José Ugarte, propone dejar sentada las bases de discusión sobre la educación superior, a través de tres conceptos como: acceso, calidad y autonomía, en cambio, en el de Díaz y Vallejos, o en el de Ibacache, se cuestiona desde una perspectiva más genérica teniendo en cuenta su relación con la educación. Los planteamientos generales de los artículos son que la disciplina ha mostrado preocupación por los temas de educación, pero no ha sido capaz de levantar el problema de infraestructura y su relación con el nuevo currículo de la educación escolar o universitaria. Los arquitectos no participan de forma gravitante en las discusiones que están a la base del cambio que estamos viviendo.

Otros artículos, de corte más bien histórico, como los de Víctor Valenzuela o Valdivia, dejan en claro que hubo un momento en el cual la infraestructura educacional tuvo un lugar privilegiado como política de Estado, que garantizó y dio acceso formal a la educación en gran parte de Chile mediante la labor, entre otros organismos, de la Sociedad de Establecimientos Educacionales. Esta institución construyó ejemplos tan emblemáticos como los de las Escuelas Concentradas de Talca.

Estas visiones se contradicen con la alta cantidad y buena calidad de los proyectos recibidos. Éstos demuestran que cuando el arquitecto ha podido desplegar sus capacidades de ver más allá de lo analizado, lo ha hecho con capacidad de transformación tanto en la forma del establecimiento educacional, como en las posibilidades espaciales, materiales y de uso generando innovación y progreso. En esta oportunidad la convocatoria abierta recibió numerosos esquemas de establecimientos educacionales pertenecientes a cada una de las etapas de la enseñanza, ya sea preescolar, escolar y universitaria; edificios ubicados tanto en contexto rural cómo urbano, en Santiago así como en regiones. Los proyectos presentados demuestran oficio y sorprenden por la calidad de sus planteamientos.

La diversidad de artículos y proyectos recibidos, no permite establecer una voz única de la disciplina en torno a la deuda educacional, sino más bien es el reflejo de una preocupación coral pero por ciertos aspectos del problema.

Como editores creemos que dicha voz, si bien es importante y significativa, todavía es demasiado tímida para posicionarse con fuerza en el momento que estamos viviendo. En esta misma línea el número con el portafolio visual de Pablo Casals, refleja la tensión y contradicción evidente entre dos casos emblemáticos de arquitectura escolar, los que son: el Colegio San Ignacio de El Bosque y el Instituto Nacional.